Serie "La belleza"












La belleza parte de las esculturas monumentales concebidas para el Foro Mussolini, donde el cuerpo humano fue convertido en representación de un ideal de perfección física y, al mismo tiempo, en instrumento de una construcción ideológica. Desde esta referencia histórica, la serie reflexiona sobre la relación entre belleza, ideología y libertad artística.
El canon clásico aparece como un modelo histórico que pretendió establecer la armonía, la proporción y la perfección como valores incuestionables. Las intervenciones contemporáneas confrontan deliberadamente ese legado mediante la fragmentación, la precariedad, la acumulación, la repetición, el desplazamiento, la inestabilidad y otros lenguajes visuales. No pretenden sustituir el canon clásico por otro modelo absoluto, sino abrir un espacio en el que puedan coexistir distintas formas de belleza y de pensamiento artístico.
La serie entiende así la contemporaneidad como un espacio que debe conservar márgenes suficientes de libertad para que la creación no quede sometida a una norma estética predeterminada. Restaurar el canon clásico como una verdad absoluta no significaría únicamente regresar a un ideal histórico; supondría despreciar la pluralidad de la creación contemporánea y reproducir formas de imposición que deberían haber sido superadas.
La tensión de las obras surge de esta confrontación. El cuerpo monumental, utilizado en otro momento para encarnar un ideal ideológico, se encuentra con formas que rechazan la estabilidad, la jerarquía y el orden definitivo. La imagen clásica no es destruida ni venerada. Es cuestionada, desplazada y obligada a convivir con otras posibilidades.
Esta tensión adquiere también una dimensión política contemporánea. El peligro de establecer un único modelo estético, cultural o moral como verdad incuestionable no ha desaparecido. Determinadas ideologías continúan avanzando en esa dirección, tratando de recuperar valores supuestamente perdidos y convertirlos en referencias universales.
La belleza no pretende, por tanto, determinar qué debe ser bello. Al contrario, defiende la posibilidad de que la belleza permanezca abierta, contradictoria y plural. La libertad artística no consiste en crear un nuevo canon, sino en conservar el espacio necesario para poder cuestionar cualquier canon.
La belleza no necesita ser restaurada a un ideal. Necesita permanecer abierta a la posibilidad.
Sí. Ese cambio hace que el planteamiento sea menos equidistante y sitúa la serie en una posición más clara: no se trata de equiparar el canon fascista con los lenguajes contemporáneos, sino de defender la pluralidad de la creación frente a cualquier intento de convertir un modelo estético en verdad absoluta.


Beauty takes as its starting point the monumental sculptures conceived for the Foro Mussolini, where the human body was transformed into the representation of an ideal of physical perfection and into an instrument of ideological construction. From this historical reference, the series reflects on the relationship between beauty, ideology and artistic freedom.
The classical canon appears as a historical model that sought to establish harmony, proportion and perfection as unquestionable values. The contemporary interventions deliberately confront this legacy through fragmentation, precariousness, accumulation, repetition, displacement, instability and other forms of visual language. These are not intended to replace the classical canon with another absolute model, but to open a space in which different forms of beauty and artistic thought can coexist.
The series therefore understands contemporaneity as a space that should preserve sufficient margins of freedom for creation not to become subject to a predetermined aesthetic norm. To restore the classical canon as an absolute truth would not simply mean returning to an historical ideal; it would imply devaluing the plurality of contemporary creation and reproducing forms of imposition that should already have been overcome.
The tension within the works emerges from this confrontation. The monumental body, once used to embody an ideological ideal, encounters forms that refuse stability, hierarchy and definitive order. The classical image is neither destroyed nor revered. It is questioned, displaced and made to coexist with other possibilities.
This tension also acquires a contemporary political dimension. The danger of establishing a single aesthetic, cultural or moral model as an unquestionable truth has not disappeared. Certain ideologies continue to move in that direction, seeking to restore supposedly lost values and to establish them as universal references.
Beauty therefore does not seek to determine what beauty should be. On the contrary, it defends the possibility that beauty can remain unresolved, contradictory and plural. The work understands artistic freedom not as the creation of a new canon, but as the preservation of the space necessary to question every canon.
Beauty does not need to be restored to an ideal. It needs to remain open to possibility.