La naturaleza se resiste a ser domesticada. Todo intento de someterla a un orden resulta inútil. Los límites que imponemos para controlar su crecimiento terminan siendo desbordados por aquello que pretendíamos contener. El jardín se convierte así en un espacio de resistencia, donde la voluntad de dominio se enfrenta a la imposibilidad de controlar por completo aquello que permanece vivo.
Nature resists domestication. Any attempt to subject it to an imposed order is ultimately futile. The boundaries we establish to control its growth are eventually overrun by what we sought to contain. The garden thus becomes a space of resistance, where the desire for control confronts the impossibility of fully mastering that which remains alive.
