El hoyo


La obra articula una estratificación simbólica donde el azar, la violencia y el borrado se superponen. En la franja superior, las bolas numeradas remiten al juego y a la estadística: el orden aparente del cálculo, la promesa de imparcialidad del número. Bajo ese sistema lúdico-administrativo, emerge el registro documental de los cuerpos abatidos, desplazando el azar hacia su reverso trágico: cuando la cifra deja de ser juego y se convierte en contabilidad de la muerte.


La superficie inferior, opaca y erosionada, actúa como zona de silencio. No ilustra ni explica; absorbe.