Nuevos trabajos


La casa de Hanna 

Descendemos al interior de Hanna y lo que encontramos no es un espacio sino una negación del espacio. La escalera —ese gesto arquitectónico que promete tránsito y profundidad— no conduce a ninguna revelación, sino a una zona sin relato. No hay mobiliario, no hay huella, no hay memoria visible. Solo oscuridad.
Esa oscuridad no funciona como misterio romántico sino como cancelación: es la imposibilidad de ver y, por tanto, de nombrar. El interior deja de ser ámbito íntimo para convertirse en vacío estructural. La casa ya no guarda secretos; guarda ausencia.
Descender implica aceptar que no existe centro. La arquitectura propone un recorrido, pero el recorrido termina en un límite óptico. La negrura absorbe la mirada y devuelve silencio. Hanna, entonces, no es un cuerpo que habita la casa; es la casa misma como cuerpo clausurado, como cavidad cerrada que rehúsa cualquier apropiación.9
El interior no contiene nada porque tal vez nunca lo hizo. Lo que permanece es la conciencia de que toda construcción —afectiva o material— puede estar sostenida por un núcleo vacío.

We descend into Hanna’s interior and what we encounter is not a space but a negation of space. The staircase — that architectural gesture that promises movement and depth — leads to no revelation, only to a zone without narrative. There is no furniture, no trace, no visible memory. Only darkness.
This darkness does not function as romantic mystery but as cancellation: the impossibility of seeing and, therefore, of naming. The interior ceases to be an intimate domain and becomes instead a structural void. The house no longer keeps secrets; it preserves absence.
To descend is to accept that there is no center. Architecture proposes a path, but the path ends at an optical limit. The blackness absorbs the gaze and returns silence. Hanna, then, is not a body inhabiting the house; she is the house itself as a sealed body, a closed cavity that resists any form of appropriation.
The interior contains nothing because perhaps it never did. What remains is the awareness that every construction — emotional or material — may be sustained by an empty core.


La función 


La espera